Salud y Masa Muscular

Nicolás Mauro

2024-04-18

Tradicionalmente, se ha considerado la masa muscular desde una perspectiva principalmente estética, ignorando su verdadera e importante función en la salud integral de una persona. Las alteraciones funcionales o metabólicas en el tejido muscular pueden acarrear una serie de complicaciones de salud, que en muchos casos pueden ser graves e incluso mortales. Enfermedades como la sarcopenia (pérdida de masa muscular), la dinapenia (pérdida de fuerza muscular), diabetes tipo 1 y 2 (alteraciones metabólicas en la producción y uso de insulina y glucosa), y la obesidad, tienen una relación estrecha con la salud muscular. Diversos estudios han demostrado que existe una relación directa entre la calidad muscular y la salud metabólica de una persona.

El principal problema en la medicina actual respecto al músculo es que la mayoría de la atención se centra en el músculo cardíaco y los músculos lisos de los órganos, dejando casi completamente de lado al músculo esquelético. Es crucial recordar que el músculo esquelético es el principal depósito de glucosa y proteínas (glucógeno y aminoácidos) en el cuerpo humano. Una deficiencia muscular no solo trae consigo alteraciones metabólicas, sino también una multitud de problemas hormonales, mecánicos e inmunológicos.

Durante muchos años, el papel del músculo se consideró simplemente como un soporte para el esqueleto y como un elemento dinámico que permite el movimiento mediante la contracción y relajación. Sin embargo, recientemente se ha reconocido que la función del músculo esquelético va más allá de lo motriz, ya que también tiene una gran implicancia como órgano endocrino. Este libera moléculas proteicas conocidas como mioquinas, que participan en numerosas funciones, incluida la regeneración celular, el control del metabolismo muscular, la producción de mitocondrias y nuevos capilares, entre otras funciones vitales. (Profundizaré sobre las mioquinas en otro post).

Es importante también destacar que la salud del músculo liso y cardíaco depende en gran medida de la salud metabólica del músculo esquelético, ya que este último es el principal reservorio de aminoácidos, que actúan como precursores para la síntesis de nuevas proteínas. Estos aminoácidos, en situaciones de ayuno o escasez de alimentos, pueden servir como fuente de energía a través del proceso de gluconeogénesis (creación de glucosa a partir de fuentes no glúcidas), asegurando que los músculos vitales continúen funcionando. El organismo siempre va a poner más atención en mantener la vida que en la mantención de la masa muscular, por ende, una ingesta mala pobre alimentación puede incidir en la degradación muscular para liberar aminoácidos para que estos se puedan utilizar como energía, lo que conlleva que cada vez se tenga menos masa muscular, aumentando la posibilidad de aparición de enfermedades cardiometabólicas.

Además, la alteración en la cantidad, calidad y funcionalidad del tejido muscular puede también causar una reducción en la biogénesis mitocondrial, afectando la resíntesis de ATP y provocando fatiga, pérdida de fuerza y debilidad muscular.

Es esencial reconocer y valorar el rol del músculo más allá de su aspecto físico. Un músculo metabólicamente sano y funcional nos proporciona salud y una mejor calidad de vida. Añadir músculo a tu vida no solo mejora tu apariencia, sino que también agradece y beneficia profundamente tu salud.

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